top of page
Search

Eso que tú haces es mi sueño

Hace unos días, como tantas otras mañanas, crucé la frontera en bicicleta rumbo a mi jornada entre México y Estados Unidos. La rutina ya es casi automática: documentos, saludo breve, una pregunta ocasional. Pero esta vez ocurrió algo distinto.


Cruce Fronterizo Nogales Sonora a Nogales Arizona
Cruce Fronterizo Nogales Sonora a Nogales Arizona

El oficial de migración me preguntó a qué me dedicaba. Respondí sin pensarlo demasiado: soy fisioterapeuta, y también maestro en la High School de Río Rico. Él sonrió, detuvo su voz y dijo:“Eso que tú haces es mi sueño. Era mi sueño. Yo quise estudiar medicina deportiva, pero no pude. Las complicaciones de la escuela, la vida… se atravesaron”.

La frase quedó suspendida entre nosotros apenas unos segundos. Pero a mí me acompañó todo el día.


Me hizo pensar en algo que con frecuencia olvidamos: desde fuera, muchas veces nuestra vida es el anhelo de alguien más. Sin embargo, cuando uno está dentro del sueño, descubre que no se parece en nada a la postal idealizada que imaginaba cuando lo deseaba.


Sesión de tratamiento compartiendo experiencia. Paciente Rogelia.
Sesión de tratamiento compartiendo experiencia. Paciente Rogelia.

Llevo veinte años como fisioterapeuta. Y aunque amo profundamente mi profesión, no han sido veinte años de certezas. Han sido veinte años de preguntas. Tres veces —al menos tres con claridad— he querido tirar la toalla. No por falta de pasión, sino por exceso de complejidad. Porque trabajar con el cuerpo humano, con el dolor, con la biografía de cada paciente, no es una tarea mecánica. Es entrar en territorios donde la ciencia no siempre alcanza, donde las respuestas son parciales, donde el sufrimiento no cabe en un protocolo.

Durante años perseguí el modelo biomédico tradicional: certificaciones, cursos, técnicas, herramientas.


Creí que mientras más instrumentos tuviera, más resolvería. Y sin embargo, llegaron casos que no encajaban. Pacientes que no mejoraban. Síntomas sin causa clara. Dolor sin explicación estructural. Y entonces aparecieron la frustración y la duda:


¿Lo que hago realmente tiene impacto?

¿Estoy entendiendo el cuerpo o solo repitiendo un lenguaje aprendido?


Con el tiempo comprendí que la fisioterapia no se limita a músculos y articulaciones. Es biología, sí. Pero también neurología, conducta, historia personal, cultura, expectativas, miedo, esperanza. Y entonces comencé a mirar el cuerpo con otras lupas: filosofía, sociología, neurociencia, humanidades, incluso poesía y música. Cada lente ofrecía una parte del mapa. Ninguno ofrecía el mapa completo.


Y justo ahora, mientras preparo una plática para cerrar el año sobre dolor, leo los artículos más recientes sobre nuevas teorías contemporáneas del dolor. Y siento, una vez más, que tengo que recablear mis pensamientos. Reconfigurar mis conceptos. Volver a mirar al cuerpo como si fuera la primera vez. Esa es quizá la parte más exigente de esta profesión: nunca terminas de llegar. Siempre estás en tránsito.


Por eso la frase del oficial me tocó.“Eso que tú haces es mi sueño”.

Me recordó que muchas veces perseguimos algo sin conocer su peso real. Y que, cuando finalmente lo habitamos, olvidamos agradecer que estamos justamente donde alguna vez quisimos estar. Aunque duela. Aunque sea complejo. Aunque nos obligue a reinventarnos constantemente.


Ya son más de diez años que esta ha sido la que me acompaña a acortar las distancias de mis sueños.
Ya son más de diez años que esta ha sido la que me acompaña a acortar las distancias de mis sueños.

Hoy, en un momento de mi vida donde debo redefinir futuro, esencia y dirección, esa conversación breve en la frontera me devolvió una certeza sencilla: lo que hoy vivo fue alguna vez un deseo profundo. Y aunque el camino no sea recto ni cómodo, sigo subido en esta bicicleta que me llevó a cumplir sueños… y que ahora me invita a imaginar otros nuevos.


 
 
 

Comments


©2020 by AVANZA FISIOTERAPIA. Proudly created with Wix.com

bottom of page